LOS OTROS

El infierno son los otros. Lo decía Sartre e igual es verdad. La literatura, como la religión (que a veces es la misma cosa), la concibo la mayor parte del tiempo como una actividad íntima de la que hablo con un grupo muy restringido de personas. Hablar de nuestros gustos, preferencias, sentimientos y de la admiración que profesamos por algunos personajes y sus creadores nos expone a que alguien rebata lo que es irrebatible o argumente en contra lo que es inargumentable (¿existe esa palabra?): que hemos gozado de tal obra, que hemos pasado un bueno momento con tal libro, que hemos admirado a un personaje reprochable, que preferimos tal historia menor a tal clásico al que nadie en su sano juicio se atreve a criticar (aunque lo hayamos detestado). Detesto también el buenismo de un círculo literario que se convierte en festival de palmaditas en la espalda; el miedo a dañar a quien sabemos persona de escritura sincera anula por pura humanidad el espíritu crítico y la evolución del autor.

De esta paradoja, de otra de mis contradicciones, nace Los Otros, esta nueva sección de Carlos Cuesta Narrativa donde el egocentrismo del creador (decidme si hay una palabra más narcisista aplicada a uno mismo) se disuelve en los proyectos y expectativas de los demás, de aquéllos con los que me cruzo en el camino, a veces dolorosamente prosaico y mercantilista, de dar a conocer mi propia obra.

Y sin embargo, cómo necesitamos (yo también soy culpable), esa palmada en la espalda, ese empujón casi anónimo, esa palabra de ánimo de un lector que se ha leído tu manuscrito, al que le ha impresionado o conmovido uno de tus personajes. Entiendo la sensación porque como escritor, periodista y profesor tengo el dudoso honor de pertenecer a tres de las profesiones más narcisistas que puedan existir. Qué necesidad tan enorme se despierta de compartir una idea que ha explotado en la cabeza y que va a dar origen a un ser literario; y qué riesgo corremos de compartirla cuando aún está incompleta; riesgo de incomprensión o de cansar a un auditorio que no comparte nuestra pasión por la creación literaria (o que tiene la cabeza en otras cosas).

Ahora sí, te invito a bajar conmigo, con billete de regreso, al escenario de mis discusiones con Los otros.

“El infierno son los otros”.
Desciende al infierno.